Santuario Nacional de Calipuy como ejemplo de conservación

Creada el 8 de enero de 1981 para proteger flora y fauna silvestre altoandina.

El Santuario Nacional de Calipuy, ubicado en las provincias de Santiago de Chuco y Virú, región La Libertad, fue creado oficialmente el 8 de enero de 1981 para conservar especies de fauna y flora silvestre como el guanaco y la puya Raimondi, entre otras de gran importancia que tienen en esta área natural protegida un espacio que procura su conservación.

Esta área natural protegida por el Estado tiene una extensión de 64,000 hectáreas y se encuentra a poca distancia del pueblo de Calipuy. Su establecimiento permite conservar los territorios del guanaco (Lama guanicoe), el más grande de los camélidos sudamericanos y que se encuentra en peligro tal como lo establece la categorización de especies amenazadas de fauna silvestre aprobada mediante Decreto Supremo N° 034-2004-AG.

Al Santuario Nacional de Calipuy se puede acceder desde Trujillo, capital de la región La Libertad, y llegar hasta Santiago de Chuco en un tiempo aproximado de tres horas y media por carretera asfaltada. Luego se debe viajar desde Santiago de Chuco al Santuario en alrededor de dos horas por trocha carrozable, recorriendo un total de 229 kilómetros.

Otra manera para acceder a esta área natural protegida es partiendo de Trujillo con dirección hacia Chao, distrito de la provincia de Virú, en un viaje de una hora por la Panamericana Norte; y desde Chao hacia el Santuario, en un tiempo estimado de 2 horas por carretera asfaltada y luego por trocha carrozable, recorriendo un total de 145 kilómetros.

Flora y fauna

El Santuario Nacional de Calipuy, conserva el rodal más denso de puyas Raimondi a nivel mundial, y junto a sus demás atractivos naturales de flora y fauna silvestre, así como sus impresionantes paisajes, constituyen un gran potencial para el desarrollo turístico de naturaleza en el ámbito de la región la libertad, generando grandes beneficios a la sociedad en general.

La puya Raimondi vive entre 40 y 100 años para florecer tan solo durante tres meses antes de morir. Cada una de ellas produce más de seis millones de semillas aladas que aprovechan el viento para diseminarse.